Todos sabemos que, cuando estamos enamorados, esa persona se vuelve más guapa, más simpática, más dulce, amable, más… más… Ninguna persona es tan perfecta como cuando otra está enamorada de ella.

Esto sucede porque nuestro estado interior es extremadamente benévolo, el amor transforma nuestro juicio, vemos más lo positivo que ese otro sin duda alguna tiene, ignoramos o minimizamos lo negativo (que también tiene sin duda…) y el resultado es que esa persona se vuelve maravillosa ante nuestros ojos.

La misma persona, después de cometer algún error que nos haya hecho daño o, simplemente como consecuencia de la rutina, pasa a ser todo lo contrario, producto nuevamente de nuestros sentimientos heridos.

Realmente hay personas que cambian, pero rara vez son tan perfectas al principio y tan monstruosas después. Los cambios son más sutiles, pero nuestros estados internos, nuestros sentimientos magnifican la realidad, para bien o para mal.

hay personas que cambian, pero rara vez son tan perfectas al principio y tan monstruosas después

De ahí la importancia del que mira. A lo largo de la crianza pasa algo parecido. Cuando nace un bebé es frecuente que la mamá se enamore perdidamente de un ser inocente, que puede haber idealizado en sus sueños mucho antes de estar embarazada. Con el tiempo vienen las malas noches, el cansancio, la etapa de los no, el egocentrismo infantil inevitable, etc… y muchas madres tienden a desenamorarse.  Cuando uno se desenamora ya sabemos que lo negativo brilla mucho más, resalta por encima de las cualidades.  Nuestra forma de mirar a nuestro hijo/a es mucho más importante que lo que nuestro hijo es en sí mismo. Todos los niños son seres especiales, todos están llenos de amor y sólo el hecho de que nosotros, los adultos, pongamos intenciones adultas en ellos, hace que esta realidad sea percibida de manera diferente. No conozco ningún bebé que manipule a sus padres, no conozco a ningún niño que no esté pidiendo otra cosa que más atención, que sentirse querido, atendido…  No conozco ningún niño que no esté tratando de sentirse integrado en su familia, en su sociedad, aun cuando para ello tenga que hacer cosas que a él mismo le desagraden.

Los niños necesitan experimentar, descubrir el mundo y, como parte del proceso, comenten muchos errores. Pero está en nosotros sonreír hacia adentro y recordar que también nosotros los cometimos o crisparnos y pensar que es un descuidado, atolondrado o que pretende molestar.

Nuestra mirada es la clave y nuestro corazón nos dará la certeza. Nuestros hijos son perfectos si así los vemos. Esperar lo mejor de ellos mientras damos lo mejor de nosotros es una buena manera de vivir esta relación que es para toda la vida… al menos la nuestra…

Nuestros hijos son perfectos si así los vemos

Si necesitas ayuda para aprender a mirar seguramente es porque dentro de ti aún vives bajo la mirada que censura y juzga, miradas que tus propios padres te dedicaron en su momento y que, a su vez, les dedicaron a ellos tus abuelos. Aprender a mirar es un trabajo de observación, pero también de información, de conocer qué hacen los niños y por qué, qué están preparados para hacer o dar en cada etapa evolutiva y todo esto nos corresponde aprenderlo si queremos acompañar a nuestros hijos de la mejor manera posible a lo largo de su vida.

Para ello dispones de mi servicio de consultas privadas y de los grupos de crianza que facilito. En septiembre comenzamos nuevos grupos, únete y vive una crianza más feliz, más amorosa y más realista.

Sonsoles Romero León – Psicóloga clínica e infantil especializada en pareja, familia y educación.

Tlf: 609752814 (cita previa por Whatsapp)

La importancia del que mira por Sonsoles Romero

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