Sonsoles Romero, psicóloga Clínica e infantil en Las Palmas, nos habla sobre La Responsabilidad.

Es difícil criar hijos sanos emocionalmente. Sobre todo porque todos tenemos nuestras heridas, nuestras sombras y nuestros aspectos a mejorar. A menudo, la maternidad/paternidad es ese motor que nos impulsa a mirar en nosotros mismos, a buscar recursos, a dar lo mejor de nosotros, a crecer para poder acompañar a nuestros hijos en su propio crecimiento. En mi consulta hay muchos de estos padres y madres comprometidos, que vienen buscando soluciones para problemas emocionales o de conducta para sus hijos y se encuentran con una profesional que les dice que son ellos quienes tienen que cambiar la mirada, el enfoque y la actitud. Sin juicios y sin culpa, vamos transitando ese camino del enfoque, de vernos a nosotros en nuestras heridas para poder reconducir la situación, para comprobar una vez más que los niños sólo reaccionan al entorno, cada uno con su carácter, con sus dones, con su manera de expresar, pero al fin y al cabo reaccionan a lo que somos sus adultos de referencia. Por eso, cuando cambiamos nosotros, ellos cambian, se adaptan y se recolocan en otro lugar cada vez más saludable a medida que sus padres avanzan en ese camino.

Pero a veces, llegan padres y madres que consideran que el niño es el problema. Ellos lo hacen bien, se esfuerzan tanto que no les cabe en la cabeza pensar que la actitud de sus hijos se deba a algo que ellos están haciendo y que podrían corregir. Y esto es cierto, nos esforzamos muchísimo para dar lo mejor a nuestros hijos pero, a veces, incluso así, podemos estar promoviendo una situación poco saludable en nuestro hogar. Cuando los padres están separados es aún peor, porque no sólo yo me estoy esforzando mucho sino que tengo una persona, el otro progenitor, a quien culpar de todo lo que sale mal, de todo el dolor y sufrimiento que padece nuestro hijo. A veces ese “otro” es el colegio, un profesor, etc… Y ciertamente es así, hay muchas variables que influyen en el bienestar emocional de los niños y no podemos descartar ninguna. Pero lo que sí es seguro es que, lo único que podemos cambiar y mejorar es aquello que depende de nosotros y, en el momento en que decidimos internamente que todos los problemas se deben a otro que no cambia, que no mejora, que no hace… en ese momento estamos cerrando la puerta al único cambio posible, a la única mejora y solución posible para todos. Una mejora, por pequeña que sea, hace una diferencia y, en ocasiones, esta diferencia es considerable.

Niños de entornos muy desestructurados han conseguido salir delante de manera bastante saludable gracias a un entorno escolar implicado, empático y amoroso. Muchos profesores también recurren a culpar a la familia de todo lo que creen no poder cambiar. Es exactamente la misma dinámica que la de padres separados que no se llevan demasiado bien. Pero cuando alguien, sea padre, madre o docente, acepta el reto de dar lo mejor de sí para favorecer a un niño, aunque todo lo demás esté en contra, siempre suceden cambios, siempre ocurren “los milagros”. Tengo una familia en consulta que llama así a ciertos cambios, cambios que parecían imposibles y que de repente suceden implicando a otras personas que estaban completamente cerradas a la colaboración. Y sí, llamémosle milagro si queremos, pero lo que sí es cierto es que sucede.

Es la reflexión interna, la conexión con uno mismo y con el otro, ese otro niño o adulto, lo que ocasiona estos cambios milagrosos. No hay una receta para todos pero si la hubiera, partiría de la base de asumir la responsabilidad propia en todo proceso en el que nos vemos inmersos, sea cual sea nuestro papel, incluso cuando creemos tener un papel secundario en la vida de un niño o niña.

Responsabilidad por Sonsoles Romero