Carta a mi madre

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Recuerdo tu olor, tu piel, tu calor, tus besos, tus caricias…
No recuerdo tu peinado, tu peso, tu dolor…
(firmado: tu hijo)

Durante la etapa del puerperio, todo parece imposible. La casa, la lactancia, el descanso, la maternidad en general. Momentos de incertidumbre y amor que suben y bajan en una espiral de emociones que te llevan a límites insospechados. En ese momento nos planteamos, ¿estoy haciendo lo correcto? Si has seguido tu instinto, es evidente, no puedes hacerlo mejor.

Mientras van pasando los días todo se ve con mayor claridad, pero las cicatrices sobre la piel necesitan su tiempo para recuperarse. En ocasiones parecemos sonámbulos deambulando de un lado para otro, sin poder concentrarnos en nada específico, tan sólo (y tan mucho!) en cuidar a nuestro bebé. Me asombra como a pesar del cansancio, somos capaces de cuidar a un ser indefenso, dando lo mejor de nosotros mismos a pesar de la desconcentración y el agotamiento físico y mental que nos invade.

Su sonrisa te hace recuperar 5 horas de sueño perdido, unas uñas espantosas o la casa con las camas sin hacer. Mientras te repites, tengo que darle lo mejor de mi.

Ellos no recordarán si estabas despeinada, o si andabas todo el día en pijama. Pero si recordarán el amor incondicional que le demostrabas, con cada sonrisa, caricia y con cada toma (especialmente las de madrugadas). Tampoco recordarán si eres primeriza o tenías experiencia. Tan solo quieren sentirte, tu calor, tu olor… eso es lo que perdurará en su memoria.

Lo que más me sorprende es la naturalidad con la que fluye todo, especialmente el amor. Por eso, debes cuidarte para darle lo mejor de ti. Pero especialmente para disfrutar de la maternidad ya que cada momento es irrepetible e irrecuperable.

Haz aquello que te haga feliz y lo harás feliz a él.

Pilar Medina

 

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