La naturaleza y los niños

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Érase una vez un lugar en el que los niños caminaban descalzos sintiendo la tierra bajo sus pies, jugaban bajo la lluvia, buscaban un árbol en el campo para intentar escalarlo y exploraban las rocas de la playa buscando caracoles. Érase una vez mi infancia, ¿también fue así la tuya? Esa época en la que la naturaleza y los niños se divertían juntos.

Lejos quedan aquella canción de Serrat que nos hacía reflexionar con su estribillo «Niño, deja ya de joder con la pelota, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca» Ahora sería más común, lo de «niño apaga ya la TV o la Nintendo». Empezamos a leer titulares que nos alarman sobre el uso excesivo de las pantallas, y existen estudios que afirman que los jóvenes pasan de cada 4 horas, 3 encerrados en sus cuartos y sólo 1 jugando al aire libre. Y si, ¿los invitamos a tocar, a descubrir y a jugar con la pelota? Y si, ¿les facilitamos el contacto con la naturaleza y el descubrimiento a través de ella?

Puedes ver en un libro dónde se encuentran los puntos cardinales, pero al final, tan solo es una representación gráfica que olvidarás tan pronto como cierres el libro. Si salimos al aire libre podemos observar cómo el sol sale por el Este y se pone por el Oeste, o como un árbol se llena de musgo en la parte que mira hacia el Norte. La naturaleza es un aula de aprendizaje única, que despierta nuestros sentidos y nuestra curiosidad, además de ofrecernos un sentimiento único de libertad y aportarnos grandes beneficios para la salud.

¿Recuerdas el anuncio de «Un palo»? Vamos a hacer un poco de memoria; un niño abre un regalo y descubre un palo dentro de una caja, al descubrirlo comienza a gritar ¡un palo, un palo!. Entonces se escucha una voz en off que dice «sabemos que jugar con un palo es increíble, pero esto es ya demasiado». Debo confesar que tras ver el anuncio, cuando veía un palo no podía evitarlo, y comenzaba a gritar ¡Un palo, un palo!, creo que me transportaba a mi infancia, cuando un palo era suficiente para jugar a ser directora de una sinfónica, servía como cuchara para un café imaginario, o una caña de pescar junto a un balde* lleno de agua.

Lo cierto es que nadie nos regala un palo, sería un regalo raro, pero la naturaleza sí que nos hace ese tipo de regalos, cosas simples que respiran, llenas de vida y que dejan volar nuestra imaginación, como por ejemplo ¡un palo, un palo!

¿Y si ademas de hablar sobre los niños y la naturaleza hablamos sobre los niños y la educación? Hace poco descubrí un nuevo enfoque educativo creado por Heike Freire, el cual ha bautizado como la pedagogía verde. Heike Freire es licenciada en Psicología y Filosofía, experta en desarrollo infantil e innovación educativa y el próximo mes de junio vendrá a Gran Canaria para hablarnos sobre «Educar para amar la tierra», una introducción a la pedagogía verde.

Tan solo me queda hacerte una pregunta, ¿salimos a experimentar? Hoy me gustaría proponerte ir de paseo, llenarte de barro, observar las hormigas, trepar un árbol o sentir la arena bajo tus pies… ¿Notas algo?

*balde; como tradicionalmente se le llama al cubo en Canarias.

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